sábado, 28 de marzo de 2009

Consejos para la mama y el papa

Es frecuente que, a cierta edad, los niños y niñas puedan sentir alguna predilección por uno de sus progenitores. Si esto ocurre, no hay que preocuparse, ya que es algo pasajero.
Generalmente, aunque cada día menos, los niño y niñas pasan la mayor parte de su tiempo con la madre. Por eso, es ella la que suele ocupar el primer lugar en la jerarquía de apego. Por otro lado, la presencia del padre puede ser una novedad tan atractiva y su compañía tan deseada, que pueda eclipsar a la madre.
Cuando nos encontramos ante un favoritismo muy acentuado, debemos investigar las causas. Por un lado, están los casos del papá comodón al que no le molesta, sino que le encanta que su hijo quiera estar con la madre y le deje tranquilos.
Otra figura es la de la madre acaparadora que quiere ser la protagonista absoluta. Y en el otro extremo, la madre que dedica mucho tiempo y energía a los niños y niñas y luego llega el padre y se lleva la gloria. Ella se siente ignorada y la situación no le parece justa.

Para evitar estos estereotipos y favorecer una mejor educación a los niños y niñas, la pareja debe asumir por igual la responsabilidad. También, es importante que la pareja muestre unión, cariño y respeto mutuo para que el niño o la niña no crea que rivalizan por su cariño.
Tampoco hay que tomarse a pecho que los niños y niñas muestren preferencia por uno de los dos. Y mucho menos ofenderse o sentirse acomplejado o hacer sentir mal al o la menor por ello. Es algo pasajero.
Por último, un rechazo a uno de los progenitores puede tener una causa encubierta como celos por la llegada de un hermano o hermana o una situación dolorosa.

EMBARAZO

Llegar al final del embarazo en los meses de verano no suele ser algo agradable para la madre, ya que además de los pies hinchados y dolores de espalda, se deben soportar las molestias que provocan las altas temperaturas.
Pero no todo es negativo para los llamados “bebés de verano,” ya que un estudio realizado por la Universidad de Bristol en Inglaterra, reveló que los niños nacidos en verano o principios de otoño suelen presentar una talla mayor que aquellos que llegan al mundo durante lo meses fríos.
Ello se debería a la mayor concentración de vitamina D en la sangre de la madre y por lo consiguiente en la del bebé al nacer producto a la exposición solar, por lo que además recomiendan a las mujeres que vayan a dar a luz en invierno o principios de primavera tomar suplementos de dicha vitamina.
Los pequeños nacidos en verano presentar una mejor estructura ósea, lo que se mide no sólo en el tamaño de los huesos sino que también en su densidad. Además serían en promedio más altos que sus compañeros de “invierno,” contribuyendo a su desarrollo durante la infancia y adolescencia.
Huesos más fuertes y sanos son menos susceptibles a fracturas y a experimentar problemas como la osteoporosis en la edad adulta, por lo que aguantarse altas temperaturas y molestosa transpiración e hinchazón en los pies, al final da frutos para toda la vida.

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